(CASTELLANO) Volver a contar una historia que el cine ha revisitado tantas veces exige encontrar una mirada propia. Luc Besson tiene personalidad visual de sobra para intentarlo y, precisamente por eso, esperaba bastante de su versión. Hay imágenes poderosas, extravagancia y momentos en los que se reconoce perfectamente al director, pero también demasiado énfasis romántico y muy poco de aquello que para mí convierte a Drácula en una figura realmente inquietante. La comparación con la película de Francis Ford Coppola resulta inevitable. No porque toda adaptación tenga que medirse con ella…
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