(CASTELLANO) Una novia para mi boda funciona mucho mejor cuando deja de fingir que su historia es especialmente original y se entrega a aquello que realmente sabe hacer: convertir Italia en un estado de ánimo. La trama romántica es sencilla, previsible y bastante amable, pero Roma, Siena, la música, las calles, las plazas y los pequeños rincones menos trillados terminan teniendo tanta presencia que casi parecen otro personaje. Esa parte me ganó. Hay algo en la manera en que la película mira Italia que no se limita a enseñar monumentos famosos. Sí, tiene una evidente vocación de postal tu…
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