(CASTELLANO) La música puede explicar a una persona mejor que cualquier biografía, y aquí ocurre exactamente eso. La película no intenta convertir a Bob Dylan en alguien fácil de descifrar; lo presenta como un joven que absorbe todo lo que escucha, aprende de quienes le rodean y, cuando los demás creen haber entendido quién es, vuelve a moverse. Timothée Chalamet está magnífico. La semejanza física ayuda, pero lo verdaderamente importante es que evita convertir a Dylan en una colección de gestos reconocibles. Hay algo esquivo, incómodo y difícil de leer en su interpretación que encaja mu…
Leer reseña completa →