(CASTELLANO) Lo que más me gustó de la película es que no intenta copiar el cine quinqui de manera sucia o puramente nostálgica, sino recordarlo desde otro lugar, más romántico, más luminoso y también más consciente de que está mirando una época perdida. Desde el principio me llevó a ese imaginario de finales de los setenta y primeros ochenta: barrios, motos, robos, calles, descampados, clases sociales que se rozan y una juventud que parece vivir con la sensación de que el futuro no existe. Pero no lo hace como un documental áspero, sino como una memoria de verano, de deseo, de peligro y de de…
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