(CASTELLANO) Volver a Black Hawk Down después de tantos años es casi más impactante que el primer visionado. Quizá porque ya no sorprende tanto la violencia, pero sí la forma en la que está filmada: directa, constante, agotadora. La película no se toma ni un segundo para explicarse ni para coger aire. Entra en la batalla y se queda ahí, atrapada, como los propios soldados. Y eso, te guste o no, sigue funcionando igual de bien que en 2001. Ridley Scott aquí renuncia casi por completo a la estructura clásica del cine bélico. No hay un arco emocional claro, ni grandes discursos, ni tiempo para …
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