(CASTELLANO) Lo peor de una comedia no es que sea tonta. Muchas comedias tontas funcionan porque tienen ritmo, descaro, química o una energía absurda que te arrastra aunque sepas que estás viendo una barbaridad. El problema llega cuando una comedia parece convencida de estar siendo divertida y a ti no te arranca ni media sonrisa. Eso me pasó aquí. Me pareció muy mala, perezosa y poco graciosa. Y confirma algo que cada vez tengo más claro: Kevin Hart, en este tipo de papeles, no me hace ninguna gracia. La idea de partida no era imposible. Un padre entregado a la casa y a los hijos se qued…
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